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¿Lo hemos hecho bien?

MESA REDONDA SOBRE LA COBERTURA INFORMATIVA DEL CASO JULEN

Los trece días de angustia del rescate del pequeño Julen del pozo de Totalán fueron recogidos por medios de comunicación de todo el globo, que transmitieron segundo a segundo cuanto ocurría en la búsqueda. Prensa, radio, televisión, medios digitales y redes sociales le dieron máximo protagonismo a este hecho. Los telediarios se abrían con esta noticia. Los platós de televisión improvisaron programas sobre el tema. El debate político pasó, por momentos, a un segundo plano.

Pero ¿se cubrió esta noticia con rigor y seriedad, según los principios recogidos en los códigos deontológicos de la profesión? ¿Qué trasfondo humano acompaña el trabajo de un periodista en tragedias de esta naturaleza? ¿Qué aspectos de la profesión se ponen en valor en situaciones como esta? Seis periodistas que cubrieron a pie de pozo el rescate del niño Julen se han reunido en EADE, convocados por su Facultad de Comunicación, para debatir sobre estos interrogantes.

Bajo el título “¿Lo hemos hecho bien? Reflexiones sobre la cobertura informativa del caso Julen”, se sentaron a la mesa un grupo de comunicadores que en primera persona habían contado al mundo el desarrollo de los hechos: Juanjo Madueño, corresponsal del diario ABC; Juan Cano, redactor del diario SUR, colaborador de varias cadenas nacionales y profesor de EADE; Cristina Mena, redactora de Canal Sur TV; Esperanza Codina, jefa de prensa de la Subdelegación del Gobierno; Manuel Álvarez, redactor de Onda Cero; Nacho Sánchez, corresponsal del diario El País; todos ellos bajo la moderación de Jesús Espino, director general Comunicación del Ayuntamiento de Málaga, profesor y antiguo alumno de EADE.

La singularidad del suceso fue lo primero que subrayaron los participantes: un niño de apenas dos años y medio había caído en un pozo de más de cien metros de profundidad; la esperanza de que estuviera con vida movilizaba a los equipos de rescate; los primeros intentos terminaban en fracaso; los equipos de salvamento ingeniaban alternativas para llegar hasta el niño, algunas de ellas, fallidas; los medios de comunicación de todo el mundo ponían su mirada en Totalán; periodistas de todo el planeta informaban cada hora, hubiera noticias o no, de la evolución del rescate; mucha gente se acostaba y se despertaba con la única preocupación de saber si el niño estaba con vida.

La presión por la primicia era fuerte, confirma Manuel Álvarez, de Onda Cero, pero nosotros decidimos que entraríamos solo cuando hubiera algo nuevo que contar y, por supuesto, aunque las esperanzas de encontrar con vida al pequeño se iban progresivamente apagando, nunca haríamos referencia a ello por respeto a todo el trabajo que se estaba haciendo. “La demanda de información era brutal: empezamos dando conexiones en directo cada hora”, recordó Cristina Mena, de Canal Sur. “Escribimos más de 80 artículos en solo 13 días”, recalcó Juanjo Madueño de ABC.

En este sentido, los informadores coincidieron en el altísimo nivel demostrado por el periodismo local frente al periodismo nacional, especialmente el de algunas cadenas de televisión, que desplazaron equipos numerosos y se impusieron la obligación de llenar minutos de emisión recurriendo en ocasiones al morbo o al reality, convocando a especialistas que especulaban durante horas sobre los métodos que se estaban empleando, sobre la investigación del caso o sobre aspectos secundarios.

El “periodismo local puso su foco en el rescate”, no en el pasado, no en los padres, no en asuntos escabrosos que pudieran distraer de lo que realmente era la noticia, explicó el periodista de SUR Juan Cano. En la misma línea, Cristina Mena, de Canal Sur, fue contundente: “Ha habido un abismo entre el tratamiento informativo de los medios locales y los nacionales”. Esta diferencia, coincidieron los participantes, quizá se debió a que los periodistas locales estuvieron desde el principio a pie de pozo y su perspectiva era distinta a la de los que venían de fuera a buscar la noticia como fuera y tenían encontrar contenidos, incluso sin haber novedades.

“Es muy importante quedarnos con el cómo se trató el caso desde el punto de vista de la familia”, insistió Juan Cano, de SUR. “Nos daba igual ser los segundos o los cuartos; esto llegamos a consensuarlo con la dirección del periódico, preferíamos ser los últimos, pero no íbamos a contar nada hasta que fuese veraz y hubiera sido contrastado oficialmente. A nosotros nos llegó media hora antes la noticia de que el niño se había encontrado muerto, pero la responsabilidad profesional nos obligaba a que hasta que no se confirmara, no se podía contar”.

Los ponentes elogiaron la labor de Esperanza Codina, jefa de Prensa de la Subdelegación del Gobierno, por el rigor y frecuencia con que se trasladaba la información oficial sobre la evolución del rescate, como ella misma comentaba: “Se ha intentado dar mucha información oficial para frenar especulaciones en la medida de lo posible. Todas las comparecencias de la Guardia Civil y del delegado y subdelegada del Gobierno se hicieron siempre después de informar a la familia de lo que se iba a contar”.

Este respeto por los actores del rescate se hizo extensible también a quienes participaban en el rescate. Los mineros asturianos desplazados a Totalán quisieron mantener su concentración permaneciendo en el anonimato y no hacer declaraciones hasta el final, pero la presión mediática fue muy fuerte sobre ellos. Algunos medios subrayaron hasta tal punto la peligrosidad del rescate que sus familias estaban muy preocupadas, comentó Juan Cano, de SUR.

Sin embargo, lamentaba Nacho Sánchez, de El País, algunos parecían hacer más caso a las noticias falsas que se divulgaban por WhatsApp que a las noticias contrastadas que publicaban los periodistas que estaban a pie de pozo. Los periodistas que cubrían la noticia tenían claro que era fácil caer en el amarillismo de la imagen de la bicicleta en la puerta de casa de los padres de Julen, pero desde el principio se establecieron relaciones de mucho compañerismo y un cierto consenso sobre cómo había que tratar el tema.

“Nos tuvimos que poner al día para entender el rescate. Estudiar, traducir e interpretar lo que estaba pasando. Ninguno de nosotros sabíamos de ingeniería ni de geología, ni de la maquinaria necesaria”, comentó Juanjo Madueño, de ABC. “Durante esos días dormíamos tres o cuatro horas, a veces dentro de un coche o donde se podía”, recordaba Juan Cano, de SUR. Muchas de las crónicas se escribían en el bar o sobre algún cerro que ofreciera algo de cobertura para poder conectar los equipos, describía Nacho Sánchez de El País. “El WhatsApp fue de enorme ayuda, incluso para corregir los bulos que empezaron a circular”, añadió Cristina Mena, de El País.

El debate, que duró más de dos horas, se cerró después de una animada rueda de preguntas con la conclusión del moderador, Jesús Espino, que retomaba unas palabras de Juan Cano, de SUR: “El periodismo tiene hoy más sentido que nunca. Recibimos un volumen increíble de informaciones, muchas de ellas sin contrastar, que provienen de fuentes falsas. Las audiencias saben que si quieren recibir una información veraz y contrastada deben acudir al periodismo de calidad, hecho por los profesionales de la información”.

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