Los estímulos visuales definen nuestra cultura visual.

En la era de la sociedad digital, vivimos ajenos a la cantidad de estímulos visuales que se nos presentan en nuestro día a día. María Acaso (2006) apuntaba hace más de una década que consumimos una media de 800 imágenes a diario y, en la actualidad, esta cifra, casi con total seguridad, como mínimo se ha duplicado... Este conjunto de representaciones visuales, que se nos presentan de forma ininterrumpida, modelan parte del constructo social que dota de significado nuestro entorno y, por tanto, definen la “Cultura Visual” (Hernández, 2010) de la que participamos como ciudadanos de una sociedad local y/o global (Acaso, 2006).

Poner en valor los 'no lugares'.

Estas representaciones visuales no sólo tienen su espacio en entornos virtuales a los que tenemos acceso de forma inmediata a golpe de click, sino también en lugares y contextos físicos que habitamos. Sin embargo, una amplia mayoría de estos espacios públicos se entienden, cada uno de forma sesgada, como un “no lugar” (Augé, 1993), es decir, “un espacio despojado de expresiones simbólicas de la identidad, las relaciones sociales y la historia” (Bauman, 2003, p. 111). Estos espacios tienden a reproducirse por el territorio y, precisamente, por los aspectos comunes que comparten entre ellos, se asiste a la homogeneización de lugares que nadie reivindica ni siente como propios, como es el caso de las islas de aparcamientos que contaminan el espacio público de nuestras ciudades (ver Figura 1).

Figura 1. Park(ing). Fuente: fotografía publicada en Banksy (2018).

Aquí es donde entra en juego el arte urbano como una apuesta clara por poner en valor estos espacios desprovistos de identidad a través de la expresión artística. Este tipo de práctica, de carácter gráfico y visual, busca vías donde poder visualizar la identidad dejando, para ello, huella a través de la expresión plástica por medio de diversa técnicas: graffiti, stencil, anamorfosis… Este ritual de hacer visible lo invisible permite dar una respuesta al site-specific o genius loci del lugar: la esencia o carácter propio de un sitio que lo convierte en un enclave único. Lejos de alimentar falsos mitos en torno a la cultura del grafiti, como considerar el arte urbano un acto vandálico relegado a grupos marginales estigmatizados socialmente, esta práctica tiene una vocación integradora y participativa al visibilizar aquellas situaciones relacionales y aquellos espacios de encuentro donde converja la ciudadanía (ver Figura 2).

 

Figura 2. Retrato de las favelas. Fuente: fotografía publicada en Boamistura (2018).

El diseño es clave para otorgar significado a los 'no lugares'. 

Como en todo proceso creativo, las fases del diseño son claves para establecer vínculos y lazos de pertenencia con el lugar. Incluso el arte urbano, que no es algo arbitrario, requiere de estas complejas (que no complicadas) estrategias de proyección que se trabajan y tienen su espacio dentro de las materias que se estudian en diseño gráfico: ideación, experimentación, producción…

Dentro de estas dinámicas, basadas en la identificación y representación de lo identitario, se cualifica el espacio y se cargan de significado los no-lugares con el objeto de transformar su anonimato. De esta manera, se  establece un vínculo con unos significantes (imaginería-símbolos) comunes que “nos pertenecen” y nos representan, ya que “una de estas virtualidades de la imagen es su poder de reunión (reilance), (...): banderas, siglas e íconos producen empatía y voluntad de compartir, generan un lazo” (Bourriaud, 2013, pp. 14-15).

Prueba de ello son los proyectos del colectivo local Stroke Art: un grupo formado por compañeros que, al acabar la carrera de Bellas Artes, decidieron unirse para seguir teniendo un punto de apoyo donde poder trabajar y realizar proyectos de arte urbano. Una de sus intervenciones locales más destacadas se emplaza en el C.E.I.P. Ciudad de Mobile (ver Figura 3) situado en el distrito de Palma-Palmilla (Málaga), donde el valor socialde la propuesta refleja la filosofía o forma de hacer escuela de todo el contexto humano que participa del centro.

 

Figura 3. Picasso no podría faltar en un mural malagueño. Fuente: fotografía de Hérvele, P. (2016), publicada en Jiménez, A. (12 de octubre de 2016).

 

Listado de referencias. 

Acaso, M. (2006). Esto no son las Torres Gemelas: cómo aprender a leer la televisión y otras imágenes. Madrid: Catarata.

Augé, M. (1993). Los «no lugares». Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona : Gedisa.

Banksy (2018). Outside. En Banksy. Recuperado de http://banksy.co.uk/out.asp

Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. México: FCE.

Boamistura (2018). Projects. En Boamistura. Recuperado de http://www.boamistura.com/#/projects

Bourriaud, N. (2013). Estética relacional. Argentina: Adriana Hidalgo.

Hernández, F. (2010). Educación y Cultura Visual. Barcelona: Octaedro.

Jiménez, A. (12 de octubre de 2016). Se permite educar en las paredes. En Diario Sur. Recuperado de http://www.diariosur.es/malaga-capital/201610/11/permite-educar-paredes-20161011230652.html

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Profesor en EADE

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