La búsqueda de fuente Wobbelin

Nos situamos a primeros de mayo del año 1945 en una pequeña ciudad alemana llamada Ludwigslust, ubicada al este de Hamburgo. Hacía pocos días de la muerte de Hitler y escasos dos días de la rendición alemana proclamada por el general Alfred Jodl. Los ciudadanos de ésta ciudad mal vivían por los pocos medios que tenían de alimentación y las condiciones de guerra a las que estaban sometidos. A través de un megáfono puesto en un Volkswagen Kübelwagen se pasaban por toda la ciudad proclamando el cese de armas y la rendición ante las tropas enemigas. Parecía que todo el aguante sufrido había sido para nada.

A las 11 de la mañana aparecían los primeros miembros de tropas británicas. Ante ellos estaban sus enemigos, “conspiradores del mal” (como eran bautizados por la prensa alemana nazi). Tras pasar varios días amortiguando y apaciguando la vida con los ciudadanos, las fuerzas británicas dejan el territorio a las americanas. No había una estabilidad y cada una de las familias se sentía mercancía del mejor postor. Al poco tiempo de llegar, escasas 24 horas, las tropas norteamericanas pedían a los ciudadanos que salieran de sus casas, que su guerra había terminado y nada les iba ocurrir. Las miradas incrédulas se hacían ver en cada uno de ellos. Una vez reunidos en la plaza principal de la ciudad, les informaron de su situación y les pidieron que les acompañaran durante una pequeña travesía. El escaso conocimiento de lo que sucedía no les intimidaba (no conocían la Marcha de la Muerte que infringían a los judíos y más “etnias” en su plan de exterminio).

Transcurridos 14 kilómetros llegaban al campo de concentración Wobbelin. Pensaban que iban a echarlos de sus hogares para que vivieran en aquel lugar donde vivían los “marginados”, aquellos sujetos de exclusión social, que durante tantos años se habían encargado de introducir estas ideas en cada cabeza alemana. Cuál fue su sorpresa cuando solo querían que observaran lo sucedido. Ante sus ojos encontraban atrocidios que nunca hubiesen podido imaginar: material de torturas, muertos tirados en barracones, fosas comunes con cientos de cadáveres...

No salían de su asombro, algunas mujeres vomitaban al ver aquello. Su única fuente de información (y propagandística) era el partido que estaba en el poder alemán. Todo por lo que habían luchado, por lo que habían sufrido se les venía abajo. Totalmente hundidos no sabían qué hacer con sus nuevas vidas, los “enemigos” de antes ya no se les veía. Comenzaban a darle forma a la falsa silueta que les habían dibujado.

Cada investigación que realizamos debemos hacerla dentro de un proceso de búsqueda de referencias en el que la fuente de información sea contrastada. Cada ámbito de nuestra propuesta nos llevará a diversos autores por una búsqueda interdisciplinar adecuada. La cruda realidad de Wobbelin nos ayuda a no equivocarnos, a perseguir y esgrimir nuestra búsqueda en pos de un proyecto adecuado. La búsqueda con la interpretación apropiada de la teoría nos llevará a no caer en el error “FUENTE WOBBELIN”.

Funeral por las víctimas del campo de Concentración de Wobbelin donde toda la ciudad Ludwigslust acudió.

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